REDACCIÓN.- LA NACIÓN Informa Martes, 2 de junio de 2026
SANTO DOMINGO, RD. – Un análisis histórico y científico de alta prioridad climática ha vuelto a encender las alarmas de la comunidad internacional. Investigadores meteorológicos han revelado que el fenómeno denominado como el ‘SuperNiño’, registrado a nivel global entre los años 1877 y 1878, desencadenó una hambruna planetaria de proporciones devastadoras que acabó con la vida de más de 50 millones de personas en la India, China, Brasil y otras regiones ecuatoriales.
De acuerdo con un extenso informe técnico publicado originalmente por el diario estadounidense The Washington Post, la cifra de víctimas mortales de este evento representaba en aquel momento entre el 3% y el 4% de la población mundial total. Debido al impacto generalizado de sequías extremas y colapsos agrícolas, la comunidad científica internacional ha catalogado este suceso histórico como «posiblemente el peor desastre ambiental que jamás haya sufrido la humanidad».
La preocupación actual de los expertos radica en que las probabilidades matemáticas de que ocurra un fenómeno de El Niño de magnitud similar o equivalente en los próximos meses, han llevado a los científicos a trazar paralelismos directos y a comparar las anomalías térmicas y de presión actuales con los patrones atmosféricos precursores de aquella catástrofe del siglo XIX.
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Científicamente, El Niño se define de forma estandarizada como un calentamiento anómalo y cíclico de las aguas superficiales del Océano Pacífico tropical centro-oriental, un evento que altera los patrones de lluvia a nivel global cada pocos años.
No obstante, los registros históricos demuestran que lo ocurrido en 1877 no fue una anomalía aislada, sino una concatenación climática perfecta:
Efecto acumulativo: La sequía extrema comenzó a gestarse de forma silente y a extenderse de manera agresiva por las regiones de los trópicos y los subtrópicos desde el año 1875.
Agravantes oceánicos: El calentamiento del Pacífico fue potenciado y agravado de forma simultánea por fuerzas e interacciones climáticas adicionales e inusuales que ocurrieron en los océanos Índico y Atlántico, anulando por completo los regímenes de monzones y las temporadas tradicionales de lluvias de las que dependía el sustento alimentario de continentes enteros.
El monitoreo de estas variables oceánicas combinadas en pleno año 2026 es lo que mantiene bajo estricta vigilancia a los centros meteorológicos globales, ante la necesidad urgente de fortalecer los sistemas de seguridad alimentaria y los planes de mitigación de daños frente a las variaciones extremas del calentamiento global.
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